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21/11/2013

Mons. Reig presidió la Santa Misa por la fiesta de San Diego de Alcalá

El pasado 13 de noviembre el Obispo del a diócesis, Mons. Juan Antonio Reig Pla, celebró, en la Catedral Magistral, la solemne Eucaristía en honor de San Diego de Alcalá. Este hermano lego franciscano, de origen sevillano, icono de la caridad, pasó sus últimos días en nuestra ciudad (este año se ha cumplido el 550º aniversario de su muerte).

Canonizado por Sixto V poco tiempo después de la derrota de España frente a Inglaterra en la expedición de la llamada “Armada Invencible” (1588), San Diego fue, para nuestros antepasados, un verdadero consuelo en momentos de fracaso estrepitoso.

Durante su homilía, Mons. Reig Pla incidió en este aspecto: “¿Quién se acuerda de los compañeros de San Diego del monasterio de Santa María de Jesús? Hoy está aquí él como el campeón, como un trofeo de Alcalá de Henares. Que consoló a España después de la Armada Invencible y que nos consuela también en estos momentos difíciles que estamos pasando”.

“Nosotros somos, por gracia de Dios, hombres y mujeres de fe. Seguimos las indicaciones: parte tu pan con el hambriento, no te cierres en ti mismo, ábrete al amor hacia el hermano, comparte con él, visita a los encarcelados, cuida de los que no tienen techo, viste al que está desnudo”.

Pero todas estas acciones, tal y como explicó don Juan Antonio, no se limita a un mero sentimiento ni una idea: “la fe es una persona que viene a vivir en nosotros, Jesucristo, por la gracia del Espíritu Santo, que es el amor de Dios derramado en nuestros corazones. Caigamos en la conciencia de esto: ¡quien vive dentro de ti, desde el Bautismo, es el Espíritu Santo que promueve, como un artesano interno, todas tus entrañas para que seas como Jesucristo. Y ya no vivirás en las tinieblas: tu vida será un manantial de gozo y alegría continua”.

El Obispo subrayó algunos de los aspectos más destacados de la vida, milagros y muerte de San Diego, “un icono de las promesas de Dios, que siempre se cumplen. Este hombre, que murió abrazando humildemente la Cruz, vivió, desde su época en la Salceda, entregándose, por amor, a sus hermanos”.

Las hermandades y cofradías se acercaron hasta la imagen de San Diego para depositar alimentos destinados a los más necesitados de Alcalá de Henares. Una vez concluida la Santa Misa, los fieles alcalaínos pudieron seguir acercándose hasta su cuerpo incorrupto, conservado en una preciosa urna de plata. 

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