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07/06/2012

Carta de Mons. Reig a las Religiosas de Vida Contemplativa de la Diócesis de Alcalá de Henares

 
 
CONTEMPLAR EL ROSTRO DE DIOS

 
Domingo 3 de junio, Solemnidad de la Santísima Trinidad
 

Queridas hermanas:

Muchas personas, hombres y mujeres, desconocen que el ser humano es “deseo de Dios”. Los salmos lo expresan de una manera muy viva: “Como busca la cierva corrientes de agua así  mi alma te busca a tí, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” (Sal 41,1-2). Sin Dios, somos tierra reseca, agostada, sin agua (Sal 62,2). Este es el drama de nuestro mundo y, en particular, el drama de esta generación.

Desorientados, como niños perdidos en una feria de locos, muchos de los que viven entre nosotros van buscando saciar su sed de felicidad en las charcas agrietadas que les ofrece el mundo. Nosotros, que sabemos donde está la fuente escondida que puede saciar la sed de infinito que hay en todo corazón humano, no podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos. Sin Dios, están perdidos. Sin Cristo, no pueden encontrar el camino hacia el manantial de la vida. Sin el Espíritu Santo, las fuentes de esta sociedad se secan y los corazones se mueren de sed en el desierto de este mundo. Sin Dios Padre, no hay razones para ser hermanos, quedamos huérfanos. Sin Dios Padre, dejamos de ser la familia de los hijos de Dios y la sociedad se transforma en una multitud de individuos con intereses contrapuestos.

Necesitamos, queridas hermanas, volver nuestro corazón a Dios, recuperar el sentido de la trascendencia y el valor de la contemplación. Así lo explican también los salmos: “Tu rostro buscaré, no me escondas tu rostro” (Sal 26,8). Este es el sentido de la vida: ver a Dios, contemplar la belleza de su rostro, gozar de la dulzura del Señor, habitar en la casa del Señor por años sin término (Sal 22, 6).

Vosotras, queridas hermanas, estáis llamadas a ser puntos de luz que iluminen la oscuridad de este mundo y de este momento de crisis de humanidad. Sois las esposas del Señor. El os llama a contemplar su rostro para quedar radiantes e iluminar con su luz. Vuestros monasterios y conventos, en los que habitáis al amparo del Altísimo y a la sombra del Omnipotente (Sal 90,1), son oasis en medio del desierto donde podemos encontrar fuentes tranquilas y verdes praderas donde reposar. Sin hacer ruido, dejándoos plenificar por Dios, estáis gritando que Dios existe, que hay otro modo de vivir, que lo importante es su gracia y que, con El, todo es posible.

Gracias por vuestras oraciones. Gracias de parte de toda la diócesis de Alcalá de Henares. Me siento orgulloso de contar con vosotras. Sois mi mejor aliado. En esta fiesta de la Santísima Trinidad oramos por todas vosotras. Os sentimos como verdaderas esposas del Amado, sentimos admiración por vuestra consagración a Dios y os suplicamos vuestras oraciones. Pertenecer al Señor y saberse amados por El es todo nuestro gozo y nuestra plenitud.

Con mi bendición,

 
+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo Complutense
 
 
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